Francia es una república y no reconoce oficialmente una familia real. Sin embargo, miles de ciudadanos mantienen títulos nobiliarios que se remontan a la antigua monarquía y nobleza francesa. Además, cuatro pretendientes compiten por un trono simbólico con el respaldo de monárquicos franceses.
La nobleza y familia real francesa persisten
En pleno siglo XXI, entre 50.000 y 100.000 personas se consideran aristócratas franceses, según informes de la BBC.
La realeza y nobleza francesa actual
Algunos nobles han preservado su patrimonio y ocupan posiciones destacadas en la industria y finanzas. Otros llevan vidas discretas en antiguas mansiones o castillos, cuyo mantenimiento representa un desafío. Aprendieron a ser reservados, conscientes de que la mayoría de los franceses rechazan la idea de monarquía y nobleza.
Nobles franceses en apuros
La Asociación de Ayuda Mutua de la Nobleza Francesa (ANF), fundada en la década de 1930, surgió cuando dos nobles descubrieron que su porteador compartía sus raíces aristocráticas. Esta organización sin fines de lucro, aún activa, ofrece apoyo según The Wall Street Journal:
- Ayuda a nobles en dificultades para recuperar estabilidad.
- Defiende legalmente títulos contra usurpaciones.
- Financia estudios de jóvenes nobles talentosos.
- Organiza encuentros para solteros de la nobleza.
Pretendientes al trono francés inexistente
Aunque improbable, monárquicos franceses apoyan a candidatos que, según ellos, podrían unificar la nación. El respaldo se divide entre las casas de Borbón, Orleans y Bonaparte.
La Casa de Borbón
Louis Alphonse de Borbón, duque de Anjou y descendiente de Luis XIV vía la rama española, reclama el título de Luis XX.
La Casa de Orleans
Jean d'Orléans, hijo de Henri, conde de París y descendiente de Luis Felipe I, aspira a ser Enrique VII.
La Casa de Bonaparte
Charles, príncipe Napoleón, presenta un reclamo débil como tataranieto del hermano de Napoleón I. Su padre, Louis, prefería a su nieto Jean-Christophe como jefe de la Casa Imperial.
Un juego de tronos simbólico
Ser noble o pretendiente en Francia es un delicado equilibrio. Familias disputan herencias para un trono ausente, pero la mayoría opta por la discreción, evitando los errores del pasado como el de Luis XVI, guillotinado en la Revolución Francesa que acabó con la monarquía.