La reconocida cantante de ópera Antoinette Halloran y su pareja, el también cantante James Egglestone, ensayan en su estudio de patio trasero en Melbourne. No solo los vecinos disfrutan de su voz: una exuberante huerta de verduras rodea el lugar, con cosechas abundantes de repollo, calabacín y tomate. Esto plantea una intrigante pregunta: ¿cantarles a las plantas realmente las ayuda a crecer?
Evidencia anecdótica como esta coincide con investigaciones internacionales que demuestran el impacto positivo de la música en el crecimiento vegetal.
La Dra. Mónica Gagliano, investigadora de la Universidad de Australia Occidental, considera la relación entre sonido y plantas como un campo emergente y fascinante.
"Aunque hay estudios recientes, las plantas han sido olvidadas en gran medida", explica Mónica. "Es hora de verlas como seres dinámicos que interactúan complejamente con su entorno. Las ondas sonoras están por todas partes, por lo que es lógico que las afecten, al igual que impactan en humanos, como en terapias para pacientes con cáncer".
Investigaciones recientes muestran que sonidos específicos regulan genes vegetales, con potencial para mejorar la producción de cultivos.
En 2004, un artículo en The Journal of Alternative and Complementary Medicine demostró que la música acelera la germinación de semillas de calabacín y okra respecto al grupo control.
Actualmente, un ensayo controlado en un viñedo toscano, liderado por el profesor Stefano Mancuso del Laboratorio Internacional de Neurobiología Vegetal, analiza la respuesta de raíces y brotes de vides a música continua.
Mónica planea colaborar con Mancuso: "Es un experimento a gran escala; los resultados serán apasionantes".
Estos hallazgos enriquecerán la investigación global y ayudarán a Mónica en su estudio sobre si las plantas emiten sonidos. Un experimento de los 90 registró emisiones ultrasónicas en plantas estresadas por sequía, que cesaban al regarlas.
Las plantas usan feromonas químicas para comunicarse; el sonido podría ser otro canal. Mónica experimenta con señales vegetales, con resultados prometedores.
Participa en el Proyecto Oryn Gham, que postula que cada planta tiene un canto único con efectos curativos humanos, fomentando una nueva percepción de la naturaleza.
La ciencia del sonido vegetal nos reconecta con el entorno, afirma Mónica, quien en casa habla y tararea a sus plantas: "Creo que les gusta".
Para cosechas óptimas, Antoinette recomienda la partitura de Madame Butterfly.
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