Con gran pesar, Janet Easley, de 63 años, contaba las semanas para las vacaciones. Normalmente, ya estaría en plena acción, usando donaciones generosas para comprar miles de pavos, rellenos, productos enlatados, pasteles y galletas: todos los ingredientes de una cena navideña deliciosa para quienes en el centro de Indiana no tendrían nada. Pero ese año enfrentó obstáculos inesperados: se recuperaba de una cirugía de rodilla y la pandemia impedía grandes reuniones. "¿Será este el fin de una tradición de décadas?", se preguntaba.
Superada por la tristeza, Janet oró: "Señor, estas personas anhelan esa comida festiva más que nunca, con tantos desempleados. Tengo que ayudar. No estaré en paz si no lo hago. Muéstrame el camino".
Servir con amor
Janet era una joven de unos 20 años cuando una tía mencionó un sorteo de cenas de Acción de Gracias en su tienda. "Me encantaría ayudar", ofreció. La gratitud de la gente llenó su corazón de alegría, y repitió como voluntaria al año siguiente, y el otro. Pronto se convirtió en tradición anual, no solo para Janet y su familia, sino atrayendo a más participantes agradecidos.
Al ver la necesidad creciente, los administradores del Watkins Family Center, al otro lado de la calle, ofrecieron sus instalaciones. Janet asumió la coordinación junto a su amiga Bobbie Jones. Con cobertura de noticias locales, las donaciones crecieron. Pasaron de 100 a miles de cenas, entregando también a confinados o lejanos. Su evento inspiró a la iglesia y un bar local. El año pasado, alimentaron a casi 10.000 personas. Indianapolis honró a Janet y Bobbie con una proclamación: el 28 de noviembre como su Día oficial.
Conmovidas, insistieron: no era por ellas, sino por los ayudados. Este noviembre, con obstáculos, Janet dijo a Bobbie: "Tenemos que seguir". Orando, surgió la idea: comprar pavos congelados y tarjetas regalo para guarniciones, distribuidos en el centro.
Una tradición navideña con corazón
El Watkins Family Center apoyó el plan drive-thru con pancarta anunciadora. Aliviada y agradecida por su equipo y la respuesta divina, Janet ve la tradición continuar. Extrañará el centro, pero con su esposo Donald celebrará en casa por primera vez. "Será agradable", admite. Planean volver el próximo año, repartiendo comidas y amor a quien lo necesite.