La presión social, los cambios corporales y hormonales pueden generar inseguridades sobre la apariencia física durante la adolescencia. Aunque es saludable mantener una dieta equilibrada y practicar ejercicio, obsesionarse con el peso o provocar el vómito son señales de alarma de un trastorno alimentario. Keisha Burton conoce bien estos signos, ya que ella misma los vivió en su juventud.
Entrevista con la autora Keisha Burton: Recuperación de un trastorno alimentario
LTK: ¿Cuándo comenzó tu trastorno alimentario?
Keisha Burton (KB): Tenía unos 13 o 14 años, justo en la pubertad, cuando las chicas empiezan a preocuparse por su imagen corporal.
LTK: ¿Cómo fue tu experiencia con los trastornos alimentarios?
KB: Luché contra la anorexia nerviosa y la bulimia. Me moría de hambre: desayuno con un puñado de cereal, almuerzo con una rebanada de pan untada con poca mantequilla de maní y una porción mínima de la cena para no levantar sospechas. Purgaba con ejercicio excesivo (tres horas dos veces al día), laxantes y diuréticos. Intenté vomitar, pero era demasiado violento.
LTK: ¿Qué desencadenaba tus trastornos?
KB: La obsesión por la perfección, especialmente cumplir con los estándares de belleza irreales de revistas y televisión. Hoy sé que esas imágenes están retocadas digitalmente y no definen la verdadera belleza.
Los graves efectos de los trastornos alimentarios
LTK: ¿Tuviste problemas de salud?
KB: Por las noches, mi corazón latía lento e irregularmente; rezaba para no morir. Aun así, la negación era tan profunda que continué.
LTK: ¿Cuáles fueron las consecuencias?
KB: Durante la fase activa:
- Anemia
- Pérdida de cabello
- Ciclo menstrual irregular y ligero
- Mareos
- Dolores de cabeza intensos
- Fatiga extrema
- Debilidad general
Secuelas actuales, aunque inactiva hace años:
- Osteoporosis leve diagnosticada
- Trastorno obsesivo-compulsivo (TOC)
- Saciación rápida al comer
Cómo buscar y recibir ayuda
LTK: ¿Cómo empezaste a recibir ayuda?
KB: En la universidad, una clase de kinesiología sobre trastornos alimentarios me abrió los ojos. Con apoyo de amigos, oración y esfuerzo, lo superé, aunque no fue fácil ni rápido. Recomiendo ayuda profesional; aún lucho emocionalmente y busco terapia.
LTK: ¿Quiénes fueron tus principales apoyos?
KB: Mi familia ayudó, pero no entendía del todo. Mi mejor amigo me vigilaba, me recordaba mi belleza interior y exterior, mis sueños y estaba siempre disponible sin juzgar. Dios fue mi mayor sostén.
LTK: ¿Cómo te sentiste al reconocer el problema?
KB: Asustada y perdida. Mi vida giraba en torno a 'arreglar' mi cuerpo; perder esa obsesión disfuncional fue abrumador. Nunca había sido 'normal' antes.
LTK: ¿Cómo te sientes ahora? ¿Sigues luchando?
KB: Me siento genial: como equilibrado y me cuido. Entiendo el daño que me causaba. Emocionalmente, hay días difíciles, pero ahora distingo la ilusión de la realidad y la bloqueo.
Acerca de la autora y su libro
LTK: Cuéntanos sobre tu libro.
KB: Es una novela ficticia basada en investigación y mi experiencia, que explora anorexia y bulimia en todas sus facetas físicas y emocionales. Las sesiones de terapia en el hospital son reveladoras. Escribirlo fue catártico; si ayuda a uno solo, valió la pena.
LTK: ¿Cómo ayudará a adolescentes con trastornos?
KB: Invita a los pensamientos íntimos de la protagonista, ayudando a quienes lo padecen a verse reflejados y buscar ayuda. Útil también para amigos, padres o sospechosos de trastornos en otros.
LTK: ¿Consejos para adolescentes en lucha?
KB: La negación es común, pero si comes poco, purgas o buscas perfección extrema, busca ayuda ya. Ama quién eres tal como eres: eres perfecto porque Dios te creó así. Ningún cuerpo vale tu vida.
Cómo obtener ayuda profesional
Si sufres un trastorno alimentario, habla con un adulto de confianza para recibir atención médica. Si no sabes a quién recurrir, llama a la línea directa de la Asociación Nacional de Trastornos Alimentarios: 1-800-931-2237.