La familia real británica atesora prendas con una rica historia, muchas de ellas usadas por generaciones. Uno de los tesoros más codiciados es el vestido de bautizo, cuya réplica mantiene el color original gracias a un truco ingenioso: el té.
Dato curioso: el vestido actual es una réplica del original de 1841, creado en el reinado de la reina Victoria con seda de Spitalfields y encaje de Honiton. La reina Isabel II lo lució en su bautizo infantil, al igual que otros 62 bebés reales. En 2004, según la modista oficial Angela Kelly, el original estaba demasiado deteriorado, por lo que se encargó una copia exacta.
Kelly y su colega Barbara Buckfield enfrentaron el reto de replicar el tono blanquecino envejecido del original. La solución, revelada en el libro de Kelly La otra cara de la moneda: la reina, la cómoda y el armario, fue teñir la réplica con té de Yorkshire para lograr el matiz perfecto. ¡Una técnica brillante y efectiva!