Cuando tú y tu pareja tienen hijos, es normal discrepar en la crianza. Algunas diferencias son menores, como la hora de acostarse, pero otras preocupan más. En mi caso, el amor de mi esposo por hacerle cosquillas a nuestra hija de 2 años y medio me inquieta profundamente.
Nunca he tolerado las cosquillas: las encuentro invasivas y agresivas. De niño, las odiaba, y mis padres respetaron eso. Por eso, me molestó ver a mi esposo hacérselas a nuestra bebé, incapaz aún de expresar su opinión verbalmente. Hoy, ella ríe, pero me pregunto si es placer genuino o una mera reacción refleja, sin saber cómo pedir que pare.
¿Están bien las cosquillas en los niños?
Desde el punto de vista médico, las cosquillas pueden ser positivas si se hacen correctamente. "Los padres de niños pequeños pueden usarlas para fomentar la risa, la alegría y el vínculo afectivo con los bebés", explica Sara Siddiqui, M.D., F.A.A.P., pediatra en NYU Langone Huntington Medical Group.
Sin embargo, advierte que en niños mayores puede complicarse si sienten pérdida de control. "Tocar suavemente está bien, pero cosquillear hasta quitarles el control perjudica el desarrollo. Es clave enseñar límites y el dominio sobre su cuerpo para mantener la positividad", añade la Dra. Siddiqui.
Estableciendo límites adecuados
Los expertos recomiendan enseñar autonomía corporal desde temprana edad. "Las cosquillas y juegos bruscos son oportunidades naturales para que los niños aprendan a regular su cuerpo y seguridad, con precauciones para respetar límites mutuos", dice Lauren Knickerbocker, Ph.D., psicóloga infantil y adolescente en Hassenfeld Children's Hospital de NYU Langone Health.
Durante estos juegos, el niño debe ser "el jefe de su cuerpo": deténgase al primer 'para'. Discuta límites claros: "Solo es divertido si todos consienten". No permita este juego sin permiso mutuo, ni con otros niños.
La Dra. Siddiqui coincide: "Enseñen la diferencia entre toque bueno y malo. Las cosquillas pueden ser grooming o preludio de abuso. Prioricen la autonomía y alerten ante incomodidades".
Si no verbalizan, observe señales no verbales: contacto visual, ánimo. "Escuchar la comunicación verbal y no verbal es vital para el desarrollo", indica la Dra. Siddiqui.
Si rechazan las cosquillas, opte por otros juegos esenciales para el cerebro, según la Academia Americana de Pediatría (AAP): lectura compartida, juego simbólico o juguetes por edad.
Conclusión
Mi esposo puede continuar, siempre enseñando que ella controla su cuerpo y deteniéndose ante cualquier señal de rechazo. Así, equilibramos diversión y respeto.