La sabiduría de Alice Miller en su emblemático libro El drama del niño superdotado es un referente esencial para todo terapeuta que trabaja con niños, revisado con frecuencia en la práctica clínica.
Miller explica que el niño superdotado —aquel más inteligente, sensible y emocionalmente consciente que sus pares— se alinea tanto con las expectativas parentales que sacrifica sus propios sentimientos y necesidades para cumplirlas.
Al convertirse en la hija "perfecta" que realiza los sueños de sus padres, la niña superdotada pierde su esencia auténtica. Encierra sus emociones genuinas en una "bodega de cristal" y desecha la llave, condenándose a un estancamiento emocional.
Este niño deja de crecer emocionalmente, sintiéndose vacío, aislado y desarraigado. En la adultez, busca perpetuamente la aprobación ajena.
El rol del terapeuta, según Miller, es guiar al adulto a redescubrir ese niño herido, restaurando su vitalidad. En terapia infantil, a veces se presencia este drama en vivo; el terapeuta puede alterar el curso, pero no siempre.
Hace unas semanas, una madre contactó para que ayudara a su hija Julieta, de 12 años, a ser más "resistente". Invité a ambos padres a la primera sesión para conocer todas las perspectivas.
Julieta, una niña bonita con rostro pálido y rizos negros, se sentó entre sus padres. Había ingresado a una prestigiosa escuela privada, donde destacaba académicamente, pero se sentía infeliz por la falta de amigos. En el recreo, se aislaba sola en una mesa mientras sus compañeras la evitaban.
Al sugerir un cambio a la escuela pública del barrio, donde tenía amigos, la madre se endureció: "Las escuelas públicas no son una opción". Argumentó que los amigos son transitorios y priorizó el prestigio académico. El padre simpatizó inicialmente, pero calló ante la oposición de su esposa.
Intenté destacar el dolor de Julieta, proponiendo clases de enriquecimiento junto a la escuela pública, pero la madre lo descartó por la agenda de baile y gimnasia. No avanzamos en sensibilizarla ante la necesidad de amistades de su hija.
La familia no regresó pese a la petición de Julieta. Este caso evocó el drama de Miller, común en terapia. A veces, con apertura parental, se puede intervenir; otras, la resistencia lo impide.
No todos los padres de superdotados repiten este patrón. Muchos fomentan el yo auténtico de sus hijos. Según Miller, son aquellos que reprimieron su propio yo por sus padres quienes lo transmiten inconscientemente, como "el aire que respiraron".
Esta historia nos recuerda: para criar adultos mentalmente sanos, equilibremos nuestros sueños para ellos con sus necesidades únicas. En el caso de Julieta, el afán de excelencia cegó a su madre ante su sufrimiento emocional.
Derechos de autor © Marilyn Wedge, Ph.D.
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