Es común asumir que todas las personas perciben y responden al mundo de la misma manera, como si pensaran igual que nosotros. También tendemos a creer que nos relacionamos de forma idéntica con todos. Sin embargo, en la realidad aplicamos un doble rasero: expectativas distintas para unas personas y otras completamente diferentes. Estos dobles estándares son habituales y altamente destructivos para las relaciones.
Características comunes del doble rasero
Durante décadas en mi práctica psicoterapéutica, padres me han asegurado: "Trato a todos mis hijos por igual". Pero al explorar en terapia, descubrimos que no era así. Aplicaban dobles raseros: métodos opuestos para cada hijo.
Estos patrones no son saludables, pero son una costumbre arraigada en finanzas, roles familiares, crianza, tareas domésticas, trabajo, amistades y familia.
Los orígenes del doble rasero
¿Por qué aplicamos dobles estándares? ¿Por qué somos generosos con unos y tacaños con otros? ¿Por qué mimamos a un hijo y somos crueles con otro?
La respuesta radica en el condicionamiento emocional temprano en la familia. Las respuestas emocionales de nuestros padres nos moldean inconscientemente en los primeros tres años de vida, determinando cómo condicionamos a nuestros propios hijos y perpetuando dobles raseros automáticos.
El condicionamiento emocional crea dos roles o personalidades
El Dr. Martin y yo descubrimos que padres y cuidadores iniciales nos condicionan al dar y recibir apoyo emocional. Así, algunos desarrollamos personalidades omnipotentes: expertos en cuidar emocionalmente a otros, viéndose súper fuertes.
Otros reciben condicionamiento para obtener apoyo de los demás, formando personalidades impotentes: ultra dependientes, débiles para cuidar.
Este sesgo distorsiona nuestra autoevaluación y percepción de otros, generando comportamientos que mantienen dobles raseros: uno para "gente como nosotros" y otro para el resto.
La personalidad omnipotente
Condicionados para dar apoyo ilimitado, no nos vemos necesitados de cuidado. Somos vulnerables a abusos y solemos tener baja autoestima pese a logros notables. Tampoco reconocemos las necesidades de otros omnipotentes, tratándolos como nos tratamos: con retención de apoyo.
Al encontrar una personalidad impotente, desplegamos todo nuestro apoyo. Un "radar interno" detecta el tipo de condicionamiento, creando dobles estándares: mínimo cuidado a omnipotentes, total a impotentes.
La personalidad impotente
Formados para recibir apoyo, nos volvemos expertos en parecer necesitados. Dominamos omnipotentes, inflando autoestima sin méritos. No damos apoyo a otros impotentes ni esperamos de ellos; pero demandamos todo de omnipotentes.
Doble rasero familiar
En familias, omnipotentes jóvenes resienten favoritismos; impotentes, cualquier atención a hermanos. Padres racionalizan por edad, género, etc.
Solucionando el problema
Los dobles raseros nacen en la infancia por condicionamiento y se repiten en nuestras familias. Al tomar conciencia, interrumpimos el sesgo, equilibramos personalidades y ofrecemos apoyo según necesidades reales. Relaciones equilibradas e incondicionales evalúan y dispensan apoyo puntual, eliminando rigidez. Podemos lograr relaciones sin frustración ni confusión.