En las entrevistas realizadas para mi próximo libro sobre abuso verbal, el rol del chivo expiatorio emerge con frecuencia. Entre las tácticas de abuso verbal empleadas por los padres, esta figura adquiere un estatus central. En familias dirigidas por un progenitor controlador, agresivo o narcisista, el chivo expiatorio se convierte en una herramienta poderosa para mantener el dominio no solo sobre las interacciones y conductas familiares, sino también sobre la narrativa colectiva.
Como señala el investigador Gary Gemmill, el chivo expiatorio permite a los padres percibir la familia como más saludable y funcional de lo que es en realidad: "Si no fuera por ese individuo, todo sería perfecto". Este mecanismo distorsiona específicamente la narrativa familiar para preservar la imagen idealizada.
Un estudio de Zachary R. Rothschild y colaboradores demuestra que el scapegoating minimiza la culpa personal por resultados negativos y genera una ilusión de control, al atribuir siempre fallos a un culpable externo. Por ejemplo, si el auto familiar es vandalizado, un padre no scapegoater lo vería como azar; en cambio, culparía a Juan por no cerrarlo o encender las luces, convirtiéndolo en el responsable.
¡Voilà! Así se construye la narrativa: Juan es el verdadero culpable. Este es el funcionamiento del chivo expiatorio.
¿Quién se convierte en chivo expiatorio?
En algunas familias, como la de Tim, el rol rotaba, reforzando el mensaje paterno:
"El fracaso era inaceptable. Responder era traición. Obedecías, aceptabas el abuso o te ignoraban y te convertían en chivo expiatorio. El que no escuchaba lo era hasta que 'entendía', luego pasaba al siguiente. Duró desde la infancia hasta mis 20s, hasta que escapé".
En otras, es permanente, como en la de Alisha:
"Mi hermano Tom fue el chivo expiatorio por resistir las manipulaciones de mi madre. Irónicamente, era el más exitoso: atlético, buen estudiante. Pero ella no lo controlaba. Lo culpaba de todo, convenciendo a mi padre. Nosotros nos manteníamos neutrales para evitarlo. Tom se fue a los 18, estudió Derecho y cortó contacto hace 10 años. Es la oveja negra más exitosa. Yo no lo fui, pero cargo traumas que abordo en terapia. Pasé mi infancia en posición fetal".
Los hijos únicos también pueden serlo, como Dora:
"Mi madre culpa de todo lo malo en su vida a mi nacimiento: alejó a mi padre (yo tenía 7 años), impidió su remarriage ('equipaje: yo'), frenó su carrera ('factor Dora'). A los 30, en terapia, la confronté; lo negó (gaslighting). Mantengo contacto mínimo, pero avanzo al no-contacto por su negación".
Evitar la responsabilidad es el principal beneficio para el abusador.
Cómo se selecciona al chivo expiatorio
Aunque la ciencia explica las motivaciones del abusador, no hay estudios sobre la selección. Basado en cientos de testimonios para este proyecto y Hijas desintoxicadas, identifico patrones observados:
1. El que resiste o rebela
El abuso verbal busca control; el niño que no obedece el guion es marginado, como Tom o en roles rotativos.
2. El sensible
Provoca reacciones que satisfacen al abusador, racionalizándolo como 'endurecerlo'. Afecta a niños y niñas; otros reprimen emociones, sufriendo distinto daño.
3. El atípico
Si no encaja con la madre (diferente a ella u otros hijos), se le carga con problemas hogareños por la ineptitud parental percibida.
4. El recordatorio
Se asemeja al ex-cónyuge o familiar odiado. Ejemplo de Dina: "Culpada siempre, pese a ser exitosa; hermana alabada. Historia: padre dejó a madre, yo me parecía a él. Terapia reveló el patrón".
El chivo expiatorio es abuso verbal, sin importar la justificación. Lo clave es que ocurre.
© Peg Streep 2021
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