Pocos temas generan tanto debate entre padres como el uso de nalgadas. Aunque muchos han recurrido al castigo físico en algún momento, la Academia Estadounidense de Pediatría (AAP) y numerosos expertos lo desaconsejan rotundamente.
"Los padres que dan nalgadas ocasionalmente no son malas personas", explica George W. Holden, Ph.D., profesor y director del Departamento de Psicología de la Universidad Metodista del Sur, y autor de Parenting: A Dynamic Perspective, 2nd ed., tras 25 años de investigación. "Sin embargo, hay una abrumadora evidencia científica que asocia el castigo corporal con efectos negativos significativos".
Aquí, consultamos a expertos para aclarar la controversia y explorar métodos alternativos de disciplina recomendados.
¿Por qué recurren los padres a las nalgadas?
Según el Dr. Holden, muchos padres las usan porque las consideran efectivas. "Quizá sus propios padres lo hicieron, transmitiéndolo de generación en generación", señala. También influyen figuras religiosas, medios como TV y películas.

Aunque algunos defienden las nalgadas, la mayoría actúa por frustración. "Cuando otras técnicas fallan, la ira toma el control", dice Alan E. Kazdin, Ph.D., profesor emérito de Psicología y Psiquiatría Infantil en Yale, creador del Método Kazdin de Crianza. Estos padres suelen arrepentirse después.
¿Son efectivas las nalgadas?
La consenso experto es claro: no lo son. Estudios psicológicos y la AAP lo confirman. "No funcionan a largo plazo, dañan la autoestima y pueden causar lesiones físicas", afirma el pediatra William Coleman, M.D., del Centro para el Desarrollo y Aprendizaje de la Universidad de Carolina del Norte, ex presidente del comité de la AAP sobre aspectos psicosociales de la salud infantil.
Una encuesta de 2016 de la AAP mostró que solo el 6% de 787 pediatras tenía actitudes positivas hacia las nalgadas, y el 2,5% esperaba resultados positivos.
¿Por qué fallan? Solo suprimen conductas temporalmente por el efecto de sobresalto, sin enseñar alternativas. "El niño se detiene por el dolor, no aprende qué hacer bien", explica el Dr. Kazdin. Al día siguiente, el comportamiento regresa.
Elizabeth Gershoff, Ph.D., profesora en la Escuela de Trabajo Social de la Universidad de Michigan, coincide: "Detienen la acción inmediata, pero no previenen recurrencias. Si 'funcionan', es porque se combinan con otras medidas".
Los efectos negativos de las nalgadas
Investigaciones vinculan los azotes moderados o frecuentes con graves consecuencias psicológicas, emocionales y conductuales:
- Comportamiento agresivo y antisocial. Robert Larzelere, Ph.D., de la Universidad Estatal de Oklahoma, advierte que modela la agresión por frustración, aumentando riesgos de violencia doméstica y abuso intergeneracional.
- Mayor riesgo de depresión y ansiedad.
- Probabilidad elevada de abuso de sustancias.
- Bajo rendimiento escolar y en pruebas estandarizadas.
- Desarrollo cognitivo alterado. "Impactos sutiles en el cerebro", dice el Dr. Holden.
- Riesgos físicos como enfermedades cardíacas, cáncer, problemas respiratorios y mortalidad prematura, por estrés crónico, según el Dr. Kazdin.
- Relaciones parento-filiales deterioradas. Los niños temen abrirse, señala el Dr. Holden.
- Lesiones físicas, especialmente en menores de 18 meses (AAP). El estrés parental eleva el riesgo de abuso severo, advierte el Dr. Coleman.
Mejores alternativas a las nalgadas
Los padres pueden disciplinar sin violencia. "Disciplina enseña; azotes castigan", distingue la Dra. Gershoff. Usen tácticas positivas adaptadas a la edad.
Para pequeños, distraigan o prevengan: "Ajusten expectativas y estructuren entornos sin conflictos", recomienda el Dr. Holden.
Para mayores, fomenten cooperación con elogios efusivos, refuerzo y afecto ante lo positivo (Dr. Kazdin). Para lo negativo: castigos breves como tiempo fuera o retiro de privilegios, más explicación clara y comunicación abierta.
La AAP respalda: refuerzo positivo, límites, redirección y expectativas claras.