La verdadera prueba de una relación no radica en la compatibilidad o el amor inicial, sino en cómo resuelven juntos los problemas emocionales.
Si tú o tu pareja crecieron con negligencia emocional infantil, su capacidad para comunicarse sobre temas emocionales se ve gravemente afectada, sobre todo en momentos de emociones negativas.
¿Qué es la negligencia emocional infantil?
Crecer en un hogar donde no se abordan temas emocionales profundos genera dos impactos duraderos en el matrimonio: primero, aprendes a evitar conflictos y no hablar de lo difícil; segundo, careces de habilidades para identificar, expresar y gestionar emociones complejas.
Aunque desafiante, esto se puede superar. Entendamos primero las emociones en las relaciones.
Emociones en las relaciones
Las emociones no son simples ni binarias; son complejas, multicapa y cambiantes. Cuando surgen ira o dolor, actúan como alarmas que exigen atención. Ignorarlas, especialmente la ira, puede ser destructivo.
La negligencia emocional infantil dificulta reconocer tus sentimientos en el momento. Puedes estar herido o enojado sin notarlo, o saberlo pero no saber qué hacer.
La buena noticia: ser consciente, gestionar y comunicar emociones son habilidades aprendibles en cualquier etapa de la vida.
El caso de Jaime
Jaime creció en un hogar emocionalmente negligente. Sus padres, trabajadores y amorosos, ignoraban o desalentaban las emociones de sus hijos, ya fueran tristeza, enojo o alegría excesiva.
"Supéralo", decía su padre ante el enojo. Su madre gritaba "¡Cállense, basta!" si reían demasiado.
A los 39 años, Jaime descubre que su esposa Julia compartió con una amiga el problema de alcoholismo de su padre. Se siente herido, irrespetado y traicionado.
Como muchas personas con esta historia, Jaime podría cometer estos errores durante el conflicto:
8 Errores comunes en conflictos para quienes sufrieron negligencia emocional infantil
- Evitar el problema. Jaime ni siquiera nota su molestia o decide ignorarla por no valer la pena.
- Desechar sus propios sentimientos. Aprendió que sus emociones no importan, así que se convence de que exagera.
- Racionalizar en vez de expresar lo esencial. Discute hechos periféricos (quién dijo qué) en lugar de decir: "Me siento herido porque compartiste algo privado".
- Cerrarse emocionalmente. Se desconecta mentalmente cuando la discusión lo abruma.
- Abandonar prematuramente. Sale de casa o dice "Tú ganas, me rindo".
- Usar lenguaje extremo. Palabras como siempre, nunca, todo, ej.: "Siempre lo cuentas todo".
- Malinterpretar sus emociones. Simplifica complejos sentimientos como "molesto" o ni los nombra.
- Malinterpretar a la pareja. Oye "No me importas" donde Julia solo dice "Me sorprende tu reacción".
¿Qué hacer ahora?
Si te identificas con Jaime o tu pareja, hay esperanza. Reconocer la falta de habilidades emocionales es el primer paso para aprenderlas.
Enfócate en identificar y expresar sentimientos con precisión, tanto los tuyos como los de tu pareja. Este esfuerzo se percibe como amor y fortalece la relación.
Con práctica, la negligencia emocional infantil quedará atrás, transformando tu matrimonio.
© Jonice Webb, D. Tel.