El otro día, mientras hacía cola en el supermercado, noté que un niño me observaba fijamente. Sabía que intentaba descifrar lo que muchos hacen al verme por primera vez. Estoy acostumbrado a esas miradas y a los susurros que las acompañan. En esta ocasión, oí al niño decirle a su adulto: "Parece un niño, pero ¿es una niña?". Me giré hacia él y respondí con cortesía: "No soy ni niño ni niña. Soy no binario".
Los niños son curiosos por naturaleza y hacen muchas preguntas. No debemos reprimir su instinto de comprensión solo porque no sepamos la respuesta o el tema nos incomode. Silenciarlos transmite que su curiosidad es vergonzosa o tabú, y que la persona en cuestión también lo es.
En vez de asumir el género de alguien, callar al niño o cambiar de tema, existen formas mejores de hablar sobre género con nuestros hijos. Si parece un tema complejo, aquí van consejos para iniciar la conversación, conceptos clave y respuestas a preguntas comunes.

Definición de no binario para niños
Al nacer, se nos asigna un género según nuestra anatomía sexual: hombre o mujer. Esta suposición inicial es como el primer dominó que derriba toda una fila de estereotipos y expectativas sobre roles y expresión de género, pudiendo ocultar la verdadera identidad. Sin embargo, el sexo biológico no equivale al género, que es fluido y no se limita a dos opciones. Es más útil verlo como un péndulo o una ola que como categorías fijas.
Una persona transgénero no se identifica con el género asignado al nacer. Algunas sienten una mezcla de ambos géneros o ninguno. No estamos obligados a encajar en un mundo binario ni a usar pronombres como "él" o "ella". Términos como género fluido, agénero o queer caen en la categoría no binaria, pero cada experiencia es única; evita etiquetas sin permiso.
Yo fui asignada mujer al nacer, pero mi identidad no encaja en el binario hombre-mujer. Soy no binaria y uso pronombres neutros como "elle" o "they/them" en inglés.
Celebrando nuestras diferencias
La sociedad avanza hacia mayor neutralidad de género: marcas de ropa, juguetes y tiendas adoptan nombres inclusivos. Enseñamos a las niñas que la fuerza e inteligencia son deseables, y a los niños que expresar emociones es saludable frente a la violencia. Los padres son más tolerantes con la comunidad LGBTQIA+, pero temen lo desconocido o cometer errores. Conversaciones abiertas ayudan a adaptarse a una sociedad diversa.
Mara Iverson, directora de educación de Outright Vermont, destaca que reconocer identidades no binarias es un cambio cultural normal. "Hace un siglo, las mujeres en EE.UU. no usaban pantalones, el acceso a la universidad era raro y el voto lejano". Además, muchas culturas nativas americanas siempre han visto el género como fluido y lo celebran.
Respondiendo a "¿Es un niño o una niña?"
Si un niño pregunta sobre el género de alguien, no asumas. Usa lenguaje neutral como pronombres "elle/elles". Iverson sugiere: "No siempre sabemos cómo se siente alguien por dentro solo mirándolo. ¿Qué te intriga ahora?". Enfatiza la amabilidad y el respeto al no asumir identidades.
Yo uso baños de mujeres por falta de opciones neutrales. Una vez, en un cubículo, oí a un niño dudar si yo estaba en el correcto. Su madre respondió: "Estamos en el lugar adecuado y confío en que esa persona también". Ojalá todos los padres fueran así. Los niños adaptan rápido; son los adultos quienes cargan prejuicios. Ya les decimos que colores, profesiones o ropa no tienen género. La identidad es similar.
Enseña que todos pueden vestirse e identificarse como se sientan bien, respetando la seguridad ajena. Iverson distingue seguridad de comodidad: la incomodidad con lo nuevo no es peligro. En baños, la vigilancia pone en riesgo a personas no binarias. "Necesitamos baños que nos hagan sentir seguras. Otros se adaptarán a lo nuevo para beneficio de todos", añade.
Recuerda: los niños comprenden conceptos complejos
Casey Brown se declaró no binaria cuando su hija tenía seis años. Usaron una hoja con palabras de género neutral y marcado. La niña entendió que "niña" le sentaba bien, pero a Brown las neutrales. Ahora, con 10 años, corrige a quien confunde a su padre: "¡Sí, es mi padre!" o "Son mis padres". "Me hace feliz cuando amigos y maestros lo hacen bien. Son solo mis padres; somos una familia normal".
Al final, las personas son personas. Es normal incomodarse al aprender que el género es fluido, pero no negar la seguridad o existencia ajena. Todos merecemos sentirnos vistos y bien.