Uno de los descubrimientos más desalentadores es darse cuenta, tras años huyendo de una infancia disfuncional, de que la has recreado en tu relación de pareja.
Una mujer, hija de una madre hipercrítica y exigente, compartió recientemente sobre su matrimonio de dos décadas:
"Aún lucho con sentirme competente. Desafortunadamente, me casé con mi madre y nunca me sentí capaz a sus ojos. Tampoco me sentí realmente amada por él, como no lo fui por ella".
Un hombre me escribió con inquietudes parecidas:
"En apariencia, mi esposa y mi madre no tienen nada en común. Mi esposa es menuda, rubia, educada y sofisticada; mi madre es morena, robusta y nada de eso. Pero ambas me critican sin cesar. Nada era suficiente para mi madre porque mi hermano mayor era perfecto. Mi esposa domina con una mirada insatisfecha, deprimente y familiar".
¿Cómo acabamos casándonos con nuestra madre o padre si conscientemente huimos de ellos? La clave está en la teoría del apego y los modelos mentales inconscientes.
Investigaciones psicológicas muestran que nuestras primeras relaciones, especialmente con la madre, moldean cómo nos conectamos en la adultez y crean guiones internalizados sobre las relaciones.
Los niños con apego seguro, de madres amorosas y sintonizadas, crecen viéndose positivamente, cómodos en relaciones cercanas y sin miedo al rechazo. Los de apego inseguro —de madres inconsistentes— desarrollan apegos ansiosos o ambivalentes; de madres negligentes u hostiles, apego evitativo.
Según Kim Bartholomew, las personas con apego ansioso están "preocupadas" en relaciones: visión negativa de sí mismas, buscan validación, son necesitadas y saltan de romance en romance. El evitativo genera dos subtipos: temerosos (negativa autoimagen, dependientes pero desconfiados, envían señales mixtas) y los que descartan (autoimagen positiva, prefieren independencia: "Me siento cómodo sin lazos emocionales cercanos").
Inconscientemente, nos atrae lo familiar. Para los de apego seguro, es ideal; para los inseguros, peligroso.
Un estudio de Glenn Geher indica que elegimos parejas similares al progenitor del sexo opuesto. Entrevistando a participantes y padres, halló similitudes robustas. Si positivas, alta satisfacción; si negativas, baja.
Al conocer a alguien, evaluamos conscientemente, pero ¿cómo atraen los inseguros? Claudia Chloe Brumbaugh y R. Chris Fraley explican: lectura errónea inicial y estrategias. Los ansiosos parecen abiertos; los evitativos, independientes y fuertes. Experimentos muestran que usan contacto visual, tacto y humor para atraer, pese a evitar intimidad.
Jeffry A. Simpson y colegas hallaron que modelos de apego sesgan recuerdos. En discusiones de conflictos grabadas, el distress activa sesgos: evitativos se ven menos solidarios al recordar.
Esto explica la discordia interminable si guiones difieren, sin intervención.
Especialmente si te casaste con tu madre.
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