En Alemania, Sarah M., de solo 19 años, apuñaló mortalmente a un hombre en el cuello como primer paso en su plan para convertirse en asesina en serie. Obsesionada con figuras como Ted Bundy, Jack el Destripador y Richard Ramírez, admiraba especialmente al Destripador por nunca haber sido capturado, creyendo que era una mujer. Eligió una fecha específica y pidió a un amigo que le deseara suerte.
Varios medios relataron cómo esta joven juró matar a un amante diario a partir de mayo de 2021. Adquirió un cuchillo de camping, investigó puntos vitales para apuñalar y tiempos de muerte. Su cebo: un perfil de citas como "Domina Cherry", que atrajo a una víctima inmediata. Tras recogerlo, lo apuñaló en el cuello; él se resistió, pero sucumbió por la hemorragia.
Sarah fue detenida. En el juicio, mostró nulo remordimiento, dibujando un pentagrama en su palma como Richard Ramírez, el "Acechador Nocturno".
Recibo numerosas consultas sobre cómo detectar estas aspiraciones letales en jóvenes antes de que actúen. Basado en evidencia científica, aquí detallo pistas clave.
Señales psicológicas identificadas por expertos
Fuentes indicaron que Sarah M. padecía trastorno límite de la personalidad, común en mujeres con rasgos psicopáticos. Myers et al. (estudio en 22 homicidas sexuales juveniles masculinos) hallaron alta prevalencia de trastorno de conducta, trastornos de personalidad, sadismo sexual y psicopatía.
El homicidio sexual juvenil es infrecuente (1% de asesinatos por menores), pero esta combinación los hace extremadamente peligrosos. Menos del 10% reportó abuso sexual previo; predominaron trastornos esquizotípico, esquizoide, sádico, paranoide y límite. El Hare PCL-R juvenil promedió 23.3 en psicopatía, acercándose a 30 en reincidentes (límite adulto). Concluyeron que psicopatía + sadismo sexual + esquizotipia alerta de riesgo de violencia sexual repetida.
Pisano et al. añaden rasgos insensibles-no emocionales (IN), observables desde los 2-3 años: baja empatía, culpa reducida, agresión proactiva. Padres, pediatras y cuidadores pueden intervenir tempranamente.
Casos reales de jóvenes atraídos por la violencia extrema
Harry Leigh, a los 19 años, creó un "manual de asesinatos" con 30 objetivos. Planeaba desde los 13: compró cuchillos y láminas plásticas, autodenominándose "Asesino de la Cinta Roja de Hastings" por dejar cintas rojas en escenas.
Inició con agresiones sexuales a niñas, listándolas como futuras víctimas. Condenado por violación, incitación sexual infantil e imágenes indecentes. Evaluaciones revelaron psicopatía: escasa empatía y narcisismo. Su colección incluía fotos como asesino, estudios de serial killers, burlas a la policía y mapas de caza.
Los aspirantes a serial killers suelen coleccionar items que nutren fantasías. El psicólogo Paul Frick señala que rasgos IN identifican un subgrupo de niños con conducta antisocial severa, similar a psicópatas adultos: sin culpa, baja empatía, desafío y engaño.
En 2014, un chico de 15 años en Inglaterra, obsesionado con el Destripador de Yorkshire, apuñaló 102 veces a un discapacitado y luego atacó a una mujer en los ojos. Arrestado preparando otro, alegó "voces" ordenándole sacrificios, estudiando a cinco serial killers.
La obsesión con asesinos específicos, combinada con baja empatía durante la formación identitaria adolescente, moldea hacia la violencia. Medios proveen modelos, armas y M.O., erosionando límites morales. Apodos, kits y selfies como Leigh o Sarah marcan compromiso.
Olvide la tríada de Macdonald (incendios, crueldad animal, enuresis): obsoleta. Estudios actuales enfatizan afecto deficiente, deseo de dañar, falta de culpa e identificación con serial killers. Intervención temprana es viable.