Mi primer recuerdo consciente es la llegada de mi hermanito del hospital. Veo a mis padres subiendo las escaleras de nuestro apartamento en el segundo piso y colocándolo en un moisés azul cielo. Pensé: "Tengo 2 años y medio". Ese recuerdo es difuso, pero real. Otros de esa edad son aún más borrosos, y nada anterior existe.
Amnesia infantil
Este patrón es común: los primeros recuerdos suelen emerger entre los 2 y 3 años, autobiográficos y ligados a eventos emocionales, como la llegada de un hermano. Nadie recuerda antes de esa edad, un fenómeno conocido como amnesia infantil. ¿Por qué ocurre?
No hay una respuesta definitiva, pero varias teorías explican este misterio. Una idea descartada era que los bebés no forman recuerdos. Hoy sabemos que sí lo hacen: reconocen la cara de su madre horas después del nacimiento y, a los 2-3 meses, sonríen a rostros familiares.
Carolyn Rovee-Collier, investigadora de la Universidad de Rutgers, demostró esto con un experimento ingenioso en bebés menores de 6 meses. Colocaba un móvil sobre la cuna; al atar una cuerda de la pierna del bebé al móvil, estos aprendían que patear lo movía. Incluso a los 2 meses, recordaban la asociación días después, pateando más al verlo (Rovee-Collier, 1999). Los bebés mayores retienen recuerdos por períodos más largos. Así, forman memorias, pero no del tipo que nos impide recordar la infancia temprana.
Memoria autobiográfica
El experimento mide memoria procedimental (cómo hacer algo), distinta de la memoria autobiográfica (eventos personales con sentido temporal y autoconciencia). Esta emerge alrededor de los 18 meses, coincidiendo con el desarrollo del “yo”. Antes de 12-18 meses, sin lenguaje, es difícil codificar historias personales.
El hipocampo, clave para almacenar memorias explícitas, tampoco madura hasta la infancia. Cualquiera de estos factores —o su combinación— explica la amnesia infantil. Los científicos investigan cuál predomina.
Recuerdos “de antes de los 2-3 años” suelen reconstruirse de relatos familiares. Los recuerdos no son videos fijos: se modifican con el tiempo, especialmente en niños, vulnerables a sugestiones.
Stephen Ceci demostró esto con preescolares: tras oír historias ficticias sobre “Sam Stone” torpe, “recordaban” eventos inexistentes durante su visita real. Preguntas sugestivas o repetidas amplificaban falsos recuerdos (Bruck y Ceci, 1999). Adultos también crean memorias falsas (Ghetti, Qin y Goodman, 2002).
Los bebés forman recuerdos, pero no autobiográficos duraderos. Nuestros no son archivos inmutables: se desvanecen y alteran al compartirlos. Para revivir la infancia, consulta a seres queridos; esas charlas crean nuevos recuerdos valiosos.