Jasmine, de diez años, está sola en su cama, contenta de sentirse "secuestrada" detrás de las puertas cerradas de su habitación. "Podría suceder", susurra para sí misma. En su mente, revive la fantasía que la ha ayudado a sobrellevar su vida: alguien toca el timbre y una pareja amable, bien vestida, le explica que fue enviada por error a la familia equivocada al nacer y que en realidad les pertenece. La llevan a su verdadero hogar, donde se siente amada, nutrida y cuidada...
Jasmine no lo sabe, pero esto es solo el inicio de su lucha. Pasará los próximos 20 años deseando tener padres diferentes y sintiéndose culpable por ello.
Sus padres son, en esencia, buenas personas. Trabajan duro, y Jasmine tiene casa, comida, ropa y juguetes. Asiste a la escuela diariamente, hace sus tareas y tiene amigos con quienes juega fútbol. Por fuera, parece una niña muy afortunada.
Sin embargo, a pesar de la suerte aparente y del amor de sus padres, incluso a los 10 años sabe, en el fondo, que está sola en el mundo.
¿Cómo puede una niña de 10 años percibir esto? ¿Por qué se siente así? La respuesta es simple pero profunda: Jasmine está siendo criada por padres con baja inteligencia emocional, lo que genera negligencia emocional infantil.
Inteligencia emocional: Capacidad para identificar, evaluar y manejar las propias emociones, las de los demás y las de grupos, según Daniel Goleman.
Negligencia emocional infantil: Incapacidad de los padres para responder adecuadamente a las necesidades emocionales del niño.
Cuando creces con padres que carecen de estas habilidades, enfrentas desafíos profundos:
1. Tus padres no identifican sus emociones, por lo que no se habla de ellas en casa.
En vez de decir: "Pareces molesta, cariño. ¿Pasó algo en la escuela?", preguntan distraídamente: "¿Cómo estuvo la escuela?".
Cuando muere la abuela, la familia asiste al funeral como si nada. Si te plantan en el baile de graduación, evitan el tema o se burlan sin percibir tu mortificación.
Resultado: No desarrollas autoconocimiento emocional. Tus sentimientos no se validan ni se expresan.
2. Tus padres no manejan bien sus emociones, por lo que no te enseñan a manejar las tuyas.
Si te metes en problemas en la escuela por insultar al maestro, no exploran el motivo ni te guían; te castigan, gritan o culpan a otros.
Resultado: No aprendes a regular emociones ni a resolver conflictos.
3. Transmiten mensajes erróneos sobre ti y el mundo a través de palabras y actos.
Te ven como perezoso por tu ansiedad no reconocida, o débil por llorar la muerte de tu gato.
Resultado: Creces con voces internas negativas: "Eres vago", "Eres débil".
Estos patrones te desconectan de tu yo emocional, te hacen ver a través de ojos ajenos y dificultan el manejo del estrés.
Estás viviendo la negligencia emocional infantil.
¿Es tarde para Jasmine o para ti? Afortunadamente, no. Puedes actuar:
Qué hacer:
- Aprende sobre emociones: observa las tuyas y las ajenas, practica expresarlas con personas de confianza.
- Desafía las voces internas: reemplázalas con autocompasión, como "No soy perezoso, tengo ansiedad y la enfrento".
Como adulta, Jasmine debe dejar las fantasías y adquirir estas habilidades. Reconocer la falta de sus padres es el primer paso para valorar sus emociones, derribar voces negativas y descubrir su verdadero yo.
© Jonice Webb, Ph. D.
Esta publicación también aparece en PsychCentral.