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Cómo acabar con las respuestas insolentes de tus hijos: 5 estrategias expertas probadas

Todo empezó con una petición razonable: le pedí a Drew, mi hija de 7 años, que recogiera el juego con el que estaba jugando. Su respuesta me dejó atónita. Con la mano en la cadera y la cabeza ladeada, espetó: "¡No estoy haciendo eso!". Mantuve la calma (evitando gritar algo como "¡Yo te traje a este mundo y puedo sacarte de él!"). Le expliqué con firmeza: "Tú hiciste el desorden, tú lo limpias". ¿Su réplica? "De ninguna manera". Me quedé desconcertada. ¿Tiempo fuera? ¿Razonar sobre el respeto? ¿Jabón en la boca? Al final, señalé el suelo, le ordené que limpiara y salí de la habitación para no explotar o echarme a llorar.

Esta no era la primera vez que Drew me respondía con insolencia. Mi esposo Thad y yo habíamos notado su actitud desafiante durante meses. Horas después, su hermana Camille, de 3 años, me soltó una grosería similar: Yo: "Por favor, come tu merienda en la cocina". Ella: "No. ¡Vete!". ¿Estaban en una fase de probar límites? ¿Imitaban amigos o TV? ¿O era contagioso? Fuera como fuera, debía actuar rápido, ya que Blair, de 9 años, se unió con un "Tú no eres mi jefa". Busqué estrategias expertas, las probé con mis hijas y las evalué en mi escala personal Sass-Blast-O-Meter (1-4), premiando con 4 las más efectivas.

Establecer reglas básicas

Joan Munson, Ph.D., psicóloga en Boulder, Colorado, recomendó un cuadro de expectativas, no un gráfico de comportamiento. Escribí "Reglas de la casa" y debajo "No hablar mal a mamá y papá", con consecuencias específicas: Blair (9 años) pierde Minecraft un día; Drew (7 años), su clase de kárate; Camille (3 años), el postre (dibujé un helado tachado). Lo leí en voz alta y lo coloqué en la nevera. "Así, solo señala el cartel", aconseja Munson.

¿Funcionó? Excelente con Blair, que entiende causa-efecto. Drew debatía qué era "insolencia"; Camille, demasiado pequeña, no conectaba. Aun así, evitó castigos impulsivos. Calificación Sass-Blast: 2/4

Controla tus emociones

Es duro no tomarlo personal cuando un niño de 3 años te llama "mala mamá". Pero enfadarte les anima. Jay Heinrichs, autor de Gracias por discutir, sugiere: "Vas a tener que hacerlo mejor para conseguir lo que quieres". Enseña argumentos persuasivos.

¿Funcionó? Benefició a todas: Camille en peticiones de comida; Blair cambiaba tono rápido; con Drew fue transformador. Le dije: "¿Crees que gritándome harás que diga 'vale'? ¿Hay una mejor forma?". Pensó y propuso: "¿Puedo hacer la tarea tras un snack?". ¡Sí! Calificación: 2.5/4

Sigue adelante con consecuencias

Olvida segundas oportunidades. Audrey Ricker, Ph.D., coautora de Conversación: 4 pasos para acabar con lo grosero, insiste: cumple la consecuencia una o dos veces y cambia el hábito.

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¿Funcionó? Doloroso como pisar un Lego, pero efectivo. Tras cumplir, paraban... hasta el día siguiente. Calificación: 3/4

Prueba con ternura

Megan Oesterreich, del Center for Connection en Pasadena, California, propone desarmar con empatía: respira tres veces, agáchate y di: "Oigo frustración en tu voz. ¿Qué pasa?". Reduce luchas de poder.

¿Funcionó? Absorbió la insolencia. Con Blair, charla profunda; Drew se disculpaba; Camille, sin vocabulario, se calmaba al nombrar emociones. Bonus: me calma a mí. Calificación: 3.5/4

Refuerza la charla amable

Alan Kazdin, Ph.D., del Yale Parenting Center, dice: enfócate en lo positivo. Al responder bien, di: "Qué amable me has hablado", con un toque.

¿Funcionó? Desafío notar lo bueno, pero alabanzas (incluso por un 'sí') las hacía brillar. Efecto máximo con Drew. Calificación: 4/4

El back-talk no ha desaparecido, pero el hogar es más tranquilo y feliz. Nadie me llama "caca" desde entonces.